Inventario

Aún tengo problemas para encontrar un lugar para tus cosas. Algunas fueron realmente fáciles de ordenar, organizar y finalmente desechar. Encontrarás en algún basurero cercano los restos de la taza rota en el que tomabas el café de las mañanas, asi como tambien la pijama que te rehusaste a botar por tanto tiempo aún cuando los múltiples agujeros objetaran con vehemencia ante cada nueva postura nocturna.

Encontré que tus plantas merecen un destino mejor, sencillamente en mi hogar no hay espacio para ellas ya. Las ventanas le pertenecen a otros seres más abstractos y en ocasiones, siniestros. A las profundas miradas de domingo por la tarde, a la ocasional lata de cerveza que va acumularse con las demás debajo del lavaplatos. Tus plantas encontraron un hogar en casas de amigos, algunas si se marchitaron, pero debo decir que se trata tan sólo de una coincidencia, que la muerte es inevitable, un poco de agua de más, un poco de agua de menos. Un poco de muerte que no para.

Tus libros encontraron hogares nuevos también. La cruz roja tiene programas excepcionales para las cosas de segunda mano, aunque tus libros no podrían calificarse así, tendrían que ser libros de milésima mano, porque fueron miles las veces que leiste los mismos cuentos y relatos, a la más animadas audiencias. A las hojas de los árboles de primavera, a las agotadoras horas del verano, al viento de otoño que anuncia la oscuridad venidera, a la tristeza de invierno y la promesa de volver a ver el sol. A mi, que atento escuchaba tus palabras desde el otro lado del sofá, y que atento tomaba nota a las formas de tu voz, buscando encontrar entre las letras de Cortázar mediadas por tu voz, la respuesta a preguntas que nunca me atreví a hacer. Las respuestas llegan, las breves pistas e intuiciones se condensan sobre los temores, como pequeñas imperfecciones en burbujas de jabón. El tiempo suele ser el más cruel de los maestros, cómo saber entonces que mi tiempo contigo era tan solo un préstamo con intereses, y que la hora de pagar me encontraría con las manos atadas a la espalda, y la cuenta del banco de memorias que se niega a pagar al hombre de los impuestos al corazón.

Sin embargo la hora de las cavilaciones acerca del pasado ha quedado atrás, ahora me corresponde encontrar un lugar para tus cosas. Las que no cupieron en tus cajas o las que sencillamente no te quisiste llevar y una vez más no me atreví a preguntar por qué. No quedan muchas cosas de las que deshacerme, tus libros se han ido, tus aromas han sido casi eliminados por el tiempo y el moho, las ropas han encontrado nuevos dueños y las notas que solías dejar en la nevera han encontrado su lugar en el olvido. Y aun así…

¿Qué hago ahora con la fecha de tu cumpleaños? Que ya no puede vivir en mi calendario, calendario que me sirve de oráculo para el futuro en el que ya no estás. ¿Qué hago ahora con los días cálidos de Junio? Cuando nuestras sombras eran lan largas que parecían mezclarse en el infinito, en el lugar donde han de habitar dioses y espectros, y soles de colores y hojas secas.Qué hago ahora con tus alergias y tus formas de estornudar, qué hago con tu forma de pronunciar ciertas letras, con la risa de medianoche, los planes dibujados en servilletas, los paisajes hechos para ver de a dos, con tu forma de organizar las golosinas en la alacena, que hago con tus noches bajo las estrellas y el aliento cálido dejando tu cuerpo, elevando vapores etéreos en el espacio entre los dos. Que hago con la formas en que aprendí a amarte, donde poner ahora los gestos del amor, las uñas en la piel y los pies descalzos en la alfombra. Qué hacer con el lenguaje secreto de tus suspiros, su semántica y gramática que tanto tiempo me llevó descifrar, pero que como atento erudito y lingüista de tus formas finalmente entendí. Suspiros bajo los árboles, suspiros de madrugada, suspiros para dibujar corazones en espejos.

Qué hacer con tus ojos, quizás tratar de regresarlos al océano, que es el único otro lugar donde he visto esos colores. Qué hacer con los nombres de tus films favoritos, o tu opinión particular de un libro, qué hacer con esas cosas tan únicas, con tu forma de articular un desagravio, con la curva de tus cejas al enojarte conmigo. Que hago con esa distancia que comenzó a crecer y que yo fui incapaz de advertir a tiempo, y con las cosas que nunca comprendí, qué hacer con el tiempo que perdí y las ideas infructíferas para que tu mirada pudiera encontrar en la mía un lugar en cual refugiarse. No me quedan muchas más opciones, que finalizar este inventario del alma, con la esperanza de que el tiempo, ese mismo tiempo que te llevó lejos de mi, me enseñe a darle forma a este mausoleo de las causas perdidas, y que en él, vivan fosilizados los recuerdos de un tiempo en el que los atardeceres, tienen sombras para dos.

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Un blog de historias cortas.

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Andrés H.

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