La democracia en los tiempos de la cólera

vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart

Consternados, rabiosos — Mario Benedetti

En las clases de economía es común escuchar de la naturaleza cíclica de la misma.Los periodos de bonanza y prosperidad están irremediablemente ligados a futuros periodos de crisis y caídas.

Hemos sido testigos de este fenómeno muchas veces, el como o el cuando de la siguiente crisis económica es casi imposible de predecir, sin embargo podemos estar seguros de que va a ocurrir. Bien sea a menor escala o a escala global, nuestro sistema globalizado tan estrechamente interconectado nos expone a peligros que no podemos controlar. Movimientos financieros en China que tienen impacto a miles de kilómetros de distancia.

Y aunque el tema de la economía y las crisis es interesante por si mismo, me gustaría reflexionar sobre un aspecto ligado a estos ciclos del mercado y que parece ser pasado por alto: la democracia de las naciones sufre con la existencia de estos ciclos.

Si nos detenemos a pensar es natural que ocurra así. Si nuestros mecanismos de gobierno parecen irremediablemente llevarnos a la crisis, es natural comenzar a dudar de los mismos, de la fiabilidad de las instituciones, de la mera idea de democracia. Y cuando esto ocurre, cuando comenzamos a perder la fé en las instituciones, en lo que significan y como nos representan, cuando la democracia empieza a cojear, empieza una nueva y siniestra parte del ciclo, el autoritarismo vuelve a la escena.

El autoritarismo requiere miedo, crisis e incertidumbre para aparecer. Es un monstruo que se esconde en la oscuridad de la ignorancia y del que solo nos podemos librar construyendo faros luminosos, faros construidos sobre ideas de sociedad, libertad y humanidad. Sin embargo, nuestra misión de iluminar nuestro propio futuro con ideas humanistas y de sociedad, parece estar fracasando de nuevo en el mundo. Vivimos en la época de la cólera. Estamos demasiado enojados todo el tiempo, consternados, rabiosos.

Así no hay forma de tomar buenas decisiones. Así, las promesas tanto mesiánicas como triviales de los lideres autoritarios pueden germinar. Empezamos a construir muros en lugar de faros y puentes. La democracia nos falló y entonces volvemos nuestra mirada a los que parecen mas fuertes que nosotros y prometen una salida, estamos dispuestos a renunciar a nuestra libertad a cambio de la promesa de un poco de paz mañana. Fallamos en ver que se trata de una trampa, que los mesías que visten de traje cargan cuernos en las noches y que la amenaza sobre las sociedades apenas comienza.

Y aún cuando entregamos el poder a los autoritarios hay quienes se atreven a decir que esto es democracia, porque se esta haciendo “La voluntad del pueblo” o porque “lo escogió la mayoría”. Eso me lleva a la segunda parte de mi argumento, esto es la trivialización moderna del concepto de democracia. Las tribulaciones de nuestro mundo moderno, de nuestros gobiernos y sociedades requieren una formulación del concepto que vaya mas allá de ese viejo mantra de escuela.

¿Qué es democracia entonces? o mas bien ¿qué debería ser? Desde su origen en Grecia, la democracia tiene un elemento fundamental, y es la palabra derecho. La democracia primigenia Griega y todas las subsecuentes formas de gobierno democrático se sustentan en la existencia de derechos, el mas fundamental ( para el argumento de la existencia de la propia democracia ) seria el derecho al voto.

Y desde entonces las democracias han ido creciendo en la expansión de derechos. Derechos de la mujer, de los niños y la eliminación de las barreras de raza, credo o genero. Por tal razón es que elegir representantes que hablen por la sociedad en parlamentos y edificios de gobierno es solo una parte pequeña pequeñisima del verdadero significado de democracia.

La siguiente pregunta que se puede formular en ese marco podría ser ¿De donde provienen los derechos de los que hablo? Bien, hay que tener cuidado porque el argumento puede parecer un poco circular, ya que en cierto sentido dichos derechos provienen de la misma democracia, de lo que considero la segunda columna que debe sostener el pilar de las sociedades modernas: los derechos fruto de la democracia provienen de acuerdos comunes. Creo que hasta el momento me las he arreglado para esbozar una idea de democracia que no esta fundamentada en lo que vociferen las mayorías o en lo que es popular, una forma de democracia basada en acuerdos comunes que conducen a derechos fundamentales. El populismo, el autoritarismo pasan por alto estos pilares para reducir el sentido de la democracia a gente gritando por sangre en un anfiteatro.

La democracia en los tiempos de la cólera, es una hija de miedo, constreñida, deforme. Es carcelera y prisionera a la vez, ya que solo por medio de la misma, de enaltecer los derechos de los humanos, la condición humana por encima de los anti-valores del populismo, solo en ese escenario,le será posible a la democracia recobrar su verdadero valor como eje de la prosperidad humana y no un mero adorno en una urna de votación.

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Un blog de historias cortas.

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