Mago y Cristal

Paula recorría las calles de Bogotá mientras trataba de preservar en su rostro la sonrisa que deja la visita a un amante.

Llovía ligeramente, comenzaba a sentir la cara un poco fría. Una bufanda de color blanco con negro le protegía el cuello, unos guantes de lana negra sus manos, un abrigo marrón y el recuerdo de una tarde de amor le abrigaban el corazón.

Caminaba por el centro de la ciudad buscando una tienda de regalos. Iba un poco apresurada, caricias tempranas y besos furtivos le hicieron perder la noción del tiempo, y ahora va tarde para lo que si recuerda bien, es un baby shower para el hijo aun por nacer de su hermana.

No podía faltar y aún no tenia un regalo para llevar. Su tarjeta de invitación le había indicado que debía conseguir una pijama para edades de 6–12 meses. Nunca fue muy buena con los niños, tampoco es de las que se ve convertida en madre, sin embargo…¿Como adivinar a donde nos lleva el futuro y el amor?

Es sábado, es tarde, y algo le dice que esta buscando por la parte equivocada de la ciudad. A su alrededor encuentra algunas tiendas de electrónicos, instrumentos de música y otros equipos de sonido, ya no estaba segura de tener la dirección correcta, o a donde dirigirse, sur, norte… ah maldición y luego ¿como volvería a la casa? tendría que pedir un taxi o no llegaría nunca a tiempo.

Caminó por algunas cuadras más sin saber muy bien a donde se dirigía, mirando de izquierda a derecha, buscando algún lugar que pudiera tener lo que buscaba. La ciudad parece mas gris cuando no te da lo que quieres y más anaranjada cuando tus labios finalizan un beso ligero.

Sus pensamientos la distrajeron lo suficiente como para que se sintiera definitivamente perdida. Se detuvo en una esquina y contempló a su izquierda, los cerros de Bogotá cubiertos de bruma, las calles atiborradas de afanados ciudadanos y uno que otro perro buscando comida entre la basura. Las luces de los vehículos que se mueven a gran velocidad y dejan solo un borrón de colores en la memoria. Sentía el tiempo pesado, como si de la nada todo hubiera comenzado a moverse mas rápido a su alrededor. Más rápido los perros mueren de hambre, mas rápido se mueve la gente, mas rápido se precipita el aguacero.

Parpadeo. Y al salir de su trance se encontró en frente de una tienda particular. En sus escaparates se veían todo tipo de artículos extraños y disonante, había una ajedrez de madera, llaveros tallados con la forma de cóndores, cajas de música y unos pequeños zapatos de bebé. Tal vez ese pequeño detalle y la torrencial lluvia, la llevaron a cruzar el umbral de la puerta.

Era un local pequeño, en el fondo una anciana esperaba por que ella preguntara por algo, cuando Paula decidió no preguntar y tan solo observar los estantes por algunos segundos, la anciana no se molesto en preguntar que buscaba y se retiro al trasfondo de la tienda a buscar un café. Quizás la anciana lo sabía.

Los estantes estaban llenos de objetos que parecían no tener relación entre si. Un reloj de bolsillo que ponía Ferrocarril de Antioquia, unas muñecas de trapo pequeñas y unas copas de vidrio que anunciaban proceder de Cancún. Paula se quedo observado absorta las extrañas combinaciones de objetos, se quitó los guantes de lana negra y comenzó acariciar algunos objetos con la yema de los dedos. Parecía demasiado extraño como para ser real, tan solo quería probar que así lo fuera.

Finalmente poso su mirada en la bola de cristal. Parecía una de esas bolas de nieve que se ven en las películas americanas, que muestran nevadas tranquilas una vez las agitas. Sin embargo la bola de cristal no tenia nada en su interior, bueno en realidad no sabía que tenia tenia adentro. La bola de cristal luce un color grisaseo que le recordó a las antiguas bombillas incandescentes quemadas.

Miro fijamente la bola de cristal y alargo los dedos para alcanzarla. La alcanzo. Parpadeo. Y cuando abrió los ojos vio la bola destellar de un color rojo enceguecedor, una tormenta se desato dentro del cristal, las nubes dentro se tornaron de múltiples colores, arremolinándose, girando, luego la bola le mostró a Paula, la historia de su vida en una película vertiginosa y acelerada.

Se vio nacer en Bogotá, se vio crecer en milisegundos de niña a adolescente y de adolescente a adulta, se vio amar y perder para amar de nuevo, se vio despidiéndose de su amor esa misma tarde, caminar como perdida entre las personas. Se vio en el suelo, ensangrentada, con el cráneo destrozado, el blanco de la bufanda reemplazado por escarlata de sangre y tierra. No, no no podía ser ella, ella estaba allí tocando la bola de cristal, aquella era otra Paula de abrigo marrón y guantes de lana negra.

Abrió los ojos para encontrarse lejos de casa, sentada frente al mago que sonreía complacido, mientras ella pasaba saliva y miraba confundida a su alrededor. La bola de cristal está aún en la mesa pero ya no brilla.

— Bienvenida — Dijo el mago — Si moriste, si eran tu bufanda, tus guantes negros, tu sangre… Te van a llorar, te van a extrañar más de lo que puedas imaginar, incluso algún antiguo amante amenazará con colgarse del techo para irte a buscar… y con los años también te van a olvidar. Pero no aquí, porque aquí te necesitamos, bienvenida a casa Maestra.

Paula, enmudecida, respiraba de forma agitada y buscaba en vano la salida de aquel lugar, ninguna una ventana o puertas a su alrrededor, aquello parece el interior de un ataúd. Asu alrededor y las velas que iluminan la habitación están por agotarse.

— Pero no te preocupes, que aquí te necesito. Te necesitamos — el mago sacó de uno de los bolsillos de su capa un pequeño vial que brillaba como un fósforo ardiente en una habitación oscura.

— Toma el brebaje, bebe de nuevo antes de que las velas se agoten y el universo suspire de nuevo, bebe y regresa a nosotros, tu, Bruja, Maestra, parte del todo.

Observó el frasco confundida, sin palabras… ¿donde ha quedado su vida? Quien me ha robado mis guantes de lana… estiró su mano derecha, tomó el centelleante vial y bebió del frasco. Suspiró.

El mago se inclino en una formal reverencia y beso la mano cálida de la más poderosa hechicera del universo.

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Un blog de historias cortas.

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Andrés H.

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